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Una Jarana en el Cielo(*)
Dicen que Dios es peruano y yo creo que es verdad, pues nos dió tanta bondad que se le pasó la mano.
Yo tuve un sueño profano que me llevó a las alturas y a tan gloriosa aventura, me fui llevando a los cielos, mi buen seco de chabelo y un poto de chicha pura.
Ni bien llegué al paraíso, vi ante cuchucientas almas, que estaba Ricardo Palma, contándoles nuestro hechizo.
Como en el Cielo no hay piso, sentado sobre las nubes, entre Angeles y Querubes, Bayón y Valdelomar, entonaban con Melgar un yaraví arequipeño y Dios contento, risueño, contemplaba en un altar.
Muy cerca del Padre nuestro, frente a San pedro y San Pablo, jaraneaba en un retablo Felipe Pinglo, el maestro, San José en maderas diestro, confeccionó los cajones de la señora jarana: Bartola, los dos Quintana, Monserrate, Arciniega, y bailaba marinera Porfirio con La Peruana.
De pronto asoma al piano, ritmo peruano del bueno, con la Beatita de Humay, brindan con agua bendita.
De la Cuba y Filomeno, floreaban a cuatro manos, tercia en el pleito Laureano, Bocanegra, Carlos Saco, bordón de tono chalaco, Raygada, Márquez Talledo, hasta el "cholo" Revolledo disfrazado de cachaco.
¡No hay cariño en esta casa! protesta Karamanduka y con pregones retruca, Rosa Mercedes Ayarza.
En la cocina algo pasa y pitea Samuel Joya. Haciendo Fiesta Criolla, Cervantes y Sal de Soda metieron en una olla, de los más altos confines un ave de raro aroma y de misterioso encanto, haciendo sus tallarines, sin saber que esa paloma, era el Espíritu Santo.
Pablo Casas que se arroba, bailando con Santa Anita, Covarrubias en puntita, baila con Ana Pavlova y sin mayor ceremonia, vi bailar al Padre Urraca, un tremendo Toro Mata con mi Sarita Colonia.
Sérvulo que testimonia, pinta la farra bendita, mientras oigo a la Melchorita diciendo Catay, Chumay.
Aunque tarde había llegado a la jarana soñada, al compás de su quijada, entró Juanito Criado y alegre como un canario, ensayando algún sainete vi en mi sueño estrafalario a Felipe Sanguinetti.
¡Qué manera de cantar, en los Altos Imperios! Trinaba Pancho Ferreyros, frente a Néstor Chocopar; Dios se quiso recrear y claro, Rey de reyes, hizo respetar sus leyes y en milagro musical, pone al coro celestial, cantando con Lucha Reyes.
El cielo se vino abajo, se armó la de Dios es Cristo, y gritó San Evaristo: ¡Que viva el Perú, Carajo!
A mí me costó trabajo, saber si estaba en la Gloria, en barrio de La Victoria o en tono bajopontino, pero el jaranear Divino de Dios, pasará a la historia.
Mas no quise desertar, sin averiguar primero, si el sueño fue verdadero, o un glorioso delirar.
Dios me dijo al descifrar cómo habían sido las cosas: Esta jarana gloriosa, del Cielo es obligatoria, desde que están en la Gloria, San Martín y Santa Rosa.
(*) Augusto Polo Campos |
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