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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor


"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA


"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA


ISAAC GOLDEMBERG

Escritor - Poeta

 
ENGLISH

Matrimonio

Wilson - Sun Han

Invasión de Huachanos a Seattle

 

El año 1970, poco antes de viajar por primera vez a los EE.UU., leí la novela de Ciro Alegría, “EL MUNDO ES ANCHO Y AJENO”, historia de la fuerza y coraje de una comunidad indígena, que enfrenta con heroismo, una injusta expropiación de tierras. El nombre de esta novela me llamó la atención y quise saber qué motivó al autor a ponerle por nombre una especie de refrán a su libro; considerando que son muchos los pensamientos o “dichos” que la filosofía popular ha ido creando sobre sus propias experiencias.


Desde niño escuché también aquello de que “El mundo es chico” y este último fin de semana comprobé una vez más, que ese otro decir, tiene mucho de cierto. Claro, globalización, sería un nombre más moderno, aun cuando yo considero que desde que Marco Polo llegó a la China o Colón hasta América, ya el mundo se estaba globalizando con el intercambio cultural que se iniciaba.


Rosa fue invitada a un matrimonio por una prima hermana, parte de cuya familia no veía por más de 25 años. Elvira Sun Han, -la prema- (así la llamo e cariño), se casó con Steve Wilson en una ceremonia que se realizó en la ciudad de Seattle, estado de Washington al que viajamos el viernes 13, día en que se realizaría una ceremonia de prueba... no, no era para saber si los contrayentes seguían con el mismo interés por contraer nupcias, sino como un ensayo del matrimonio en sí. Fuimos invitados a lo que los “gringos” llaman “Rehearsal” y al finalizar el mismo, una dama se me acerca y me preguntó de pronto un tanto asombrada del hallazgo, si era yo quien era. O sea, me preguntó, ¿eres tú fulano de tal? y me llamó por mi nombre, además de recordarme parte de mi árbol genealógico. Me quedé por un momento pensando de quién se trataría. El problema es que la gente cambia y en 25 años más aun. La memoria me falló. Me dijo su nombre: Nancy Angulo y seguí en la Luna. Hasta que se presentó como la ex-esposa de un amigo de barrio allá en mi querido Pueblo Libre, Manuel Bustinza, más conocido como “Nono”. Todo quedó paralizado en ese momento, mientras mi memoria se refrescaba y analizaba sus características físicas, que luego fue analizando, comparando y encajando dentro de un marco que se había también quedado estáticamente impreso en el subconsciente, en un pretérito pasado allá en la lejana patria. Pero las anécdotas no terminarían con este simpático episodio, que me mostró qué pequeño es el espacio aparentemente inmenso de nuestro planeta.


El sábado, se realizó la ceremonia religiosa que tuvo su instante más emotivo, cuando poco antes de ser declarados “Marido y Mujer” por el Padre de la Iglesia, Elvira recibió la llamada telefónica de dos de sus hijos, desde Lima. Debió ser difícil para ella, ya que sólo podía escucharlos, sin contestar. La seriedad de la ceremonia, en la cual era parte principal, le impedía hacer una tertulia de la misma.


Luego nos trasladamos a los salones de un Club de Golf, donde con más calma pudimos ya conocer más de cerca a todos los invitados y fue interesante ver que a dicha reunión, asistía, aparte de la familia de la novia, un grupo de sus amigos de infancia del lejano Huacho. Más bulla que ellos, sólo recuerdo que la han hecho los arequipeños, en algunas convenciones que realiza anualmente la AIPEUC (Asociación de Instituciones Peruanas en los Estados Unidos de Norteamérica y Canadá).


Nunca he visto un grupo tan numeroso, de gente del mismo barrio, reunirse aquí en Estados Unidos. De tal forma que la fiesta, luego de las nupcias fue de una algarabía inmensa, con recuerdos constantes de anédotas huachanas y de las nuevas vivencias en tierras del Tío Sam.


No podía faltar el momento criollo y lógicamente salimos a bailar un jaranero Vals y otros con más salero, se encargaron de la Marinera y el Festejo. Las servilletas y velas que habían colocado en las mesas, sirvieron para recrear la escenografía del popular “Toro Mata”. Luego llegó la “Salsa”, que inclusive los sorprendidos lugareños, se animaron a bailar, al ritmo de consagradas maestras. Nancy, “Chacha”, Teresa, Elvira, etc.; hasta el mismo Steve, ya había sido preparado para estos menesteres y no desentonó, por lo menos en el baile. Lucho Sun Han, casi no se sentó durante toda la parte musical y Teresa se encargó en nombre de todos, de agradecer a Steve por tanta hospitalidad; prometiéndole que todos volverían en cada nuevo aniversario, algo que parece, no le hizo mucha gracia al flamante esposo.


Seattle, es una de las ciudades que más me ha agradado de entre las que he podido conocer en los Estados Unidos. Zona productora de los agradables duraznos, fruta que estando precisamente en época de cosecha, pudimos saborear, trayéndonos gratos recuerdos de cuando estuvimos en Hawai y nos deleitamos con las jugosas piñas que allá se producen.


El día posterior a la boda, los flamante esposos Elvira Sun Han y Steve Wilson, invitaron a todo el grupo que quedaba, a un restaurante de comida marina, donde luego de saborear algunos tipos de pescados como el halibut, el ahi, el mahi mahi y el salmón, éste último oriundo de dicha zona; asentamos el grato sabor vivo en el paladar, con unos helados de duraznos, los cuales son cosechados en época exacta para comer y no como sucede con los que encontramos en otras ciudades donde no se produce, y lógicamente tiene que cosecharse verde, para que se madure durante el proceso de empaque, embarque, viaje, desembarque y venta. Así, la fruta no se pudre por todo ese tiempo. Pero tampoco, termina de recibir todo su sabor natural desde la planta madre, sintiéndose en muchos casos un tanto insipido.


Steve, el simpático “gringo”, hoy esposo de la prima Elvira, tiene un negocio de alquiler de casas rodantes y gran parte de sus vehículos, sirvieron de alojamiento para todos los huachanos. Me los imagino saltando de un “trailer” a otro, tratando de reencontrarse en los recuerdos de sus vivencias en la campiña del lejano terruño.

 

Aquí en Seattle, pudimos comprobar la grata hospitalidad de su gente.

 

El último día antes de regresar, la amabilidad de Shirley C. Roberts, quien tiene una compañía que se especializa en organizar todo tipo de recepciones y fue quien precisamente se encargó de las del matrimonio de Elvira y Steve; nos permitió lograr gratos momentos turísticos por muchos de los lugares interesantes de esta ciudad. Algunas veces creimos encontrarnos en San Francisco, por sus empinadas calles y en otras, en Hawai, por tanta colina llena de vegetación, algo que llama la atención, por ser zona nétamente costeña.


Fue una bonita experiencia, que queremos ver repetirse. No... no el matrimonio, el que deseamos perdure por siempre; me refiero a visitar nuevamente dicha ciudad. Hay mucho más por conocer.


Saludos para todos los huachanos. Nos regresamos a New York con gratos recuerdos.


 

© Luis A. Ramírez S.

Editor

24 de septiembre, 2006

 
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    Imágenes del matrimonio
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