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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

¿Extranjeros?

 

 

Cuando menos nos dimos cuenta, la globalización nos atrapó a todos. No fue un proceso repentino, ya que todo se fue dando paulatínamente, con el desarrollo y progreso de la humanidad. Podría ser esto acaso un preludio de que mañana más tarde podamos por ejemplo, agruparnos bajo el nombre de un solo país, una sola bandera y denominarnos símplemente, humanos. Si alguna ves esto sucediera, ya no seríamos extranjeros, aun cuando hubiésemos nacido en ciudades diferentes y distantes. Tal vez sí seguiríamos siendo “inmigrantes”, al movilizarnos de una lugar a otro, empero no violaríamos ninguna ley, por lo tanto no seríamos “ilegales”.


Tal vez ese cambio podría ser también paulatino en el sentido de que se pueda en un principio, -según referendo popular-, integrarnos de una manera , por ejemplo federal, al amparo de una nación poderosa.


Son ideas que he escuchado expresar a más de uno y que no dejan de ser interesantes. Sin embargo, también he recogido comentarios radicalmente opuestos, reclamando una falta de patriotismo y de amor al suelo que nos viera nacer, al pretender ser parte de un país diferente al nuestro.


Algunos pasos se han dado ya, como por ejemplo el hecho de que unos cuantos países hayan “dolarizado” su economía; esto en una forma directa, ya que en forma indirecta, pasa en gran parte del mundo. Europa está ahora tratando de unificarse al menos mediante el sistema económico bajo una sola moneda: el “Euro”.


Muchos sueños se harían realidad, no sólo el acuñado “Sueño Americano”. Seguiríamos partiendo de puertos diferentes, seguirían ondeando blancos pañuelos en nuestra partida, seguirían habiendo lágrimas en nuestros ojos y de aquellos que acudirían a despedirnos, sin embargo el futuro sería menos incierto. Sabríamos que no llegamos a otro continente, a otra ciudad distinta y distante de la nuestra, como “ilegales” y “extranjeros”, sino como integrantes de una comunidad mundial. ¿Acaso todos los hombres, no somos descendientes de aquel a quien el Gran Creador hizo a su imagen y semejanza?. Siendo así, somos iguales.


Lamentablemente, debemos de aceptar que algo así sería muy difícil. Primeramente, nuestros gobernantes serían los primeros en apelar a una supuesta “conciencia nacional”. A un amor imperecedero por el suelo patrio. No sería fácil que muchos de ellos dejasen de lado sus egoismos y afanes de figuración, aparte de “ilegales” manejos en nuestra economía. No podrían dejar sus afanes de poder.


Por otro lado, si somos iguales como personas, como humanos; no lo somos en la manera en que pensamos. Siempre existirá esa antinomia entre el bien y el mal. El bueno y el malo, el que miente y el que no; aquel que divide y el que integra; siempre habrá quienes roben, maltraten y abusen. Aquellos que compren, vendan y se aprovechen de nuestros sueños, nuestras esperanzas.


Como personas, necesitamos tener un documento de identificación, claro está, sin embrago sería menos denigrante tener que mostrar un documento que nos identifique como”legales”


Hubo una época en que el mundo no tuvo fronteras. El hombre fue nómade, errante y viajó por muchos lugares hasta que se asentó donde le pareció más productivo o simplemente agradable y no se sintió “ilegal” o “extranjero”. Se sintió por el contrario, capaz de luchar por sus metas, aun cuando, para ello, tuviera que trasladarse cientos o miles de kilómetros.


El hombre siempre fue emprendedor, siempre buscó y buscará mejores oportunidades para desarrollarse, aun cuando también habrá egoismos, miedo y hasta odio en aquel que nos tilde de “ilegales” al encontrarnos luchando en un entorno, que considera suyo.


Lamentablemente, fue el mismo hombre, quien cambió la historia. Hoy, debería hacer lo mismo, antes que sea demasiado tarde.

 

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Julio 1, 2004

 

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