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Don
Pedro Cordero y Velarde
Entre los personajes que formaron parte del anecdotario
político limeño, se encuentra don Pedro Cordero y Velarde,
quien allá por los años 50', recorría las calles de Lima
vestido de gala; con un no muy limpio frac, una flor blanca
en el ojal y un sombrero de copa alta, llamado entonces “chistera”.
Había perdido un tanto la razón, deambulando con una mirada
melancólica y sombría, como añorando otros mejores momentos
en su vida. No mucho antes de llegar a ese estado emocional,
había sido gran músico y director de una banda militar;
época durante la cual escribió algunas partituras musicales
y entre ellas, un melodrama dividido en tres actos, al que
tituló “La Derrota del Huáscar”. |
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En 1921, festejando el
Centenario de la Independencia del Perú, éste fue
escenificado en el Teatro Colón de Lima.
Tres décadas después, habiéndose autoproclamado "Apu Inca
Verdadero - Jefe Supremo de las Fuerzas del Aire, Mar,
Tierra y Profundidades”, aparecía deambulando por el centro
limeño, con una banda presidencial y varias condecoraciones
en el pecho.
Sin embargo no
había perdido su amor a la patria, menos su interés por ayudar a los
desvalidos, algo que reclamaba en un periódico que él mismo editaba y al
que había dado por nombre “El León del Pueblo”.
Pedro Cordero y Velarde, se había hecho conocido y formaba parte del
escenario diario al que estaban acostumbrados los capitalinos; muchos de
quienes, humanos al fin, optaban por comprar el modesto ejemplar, como una
muestra de solidaridad a lo que dicho personaje había sido en mejores
épocas. Empero, no faltaron indudablemente, quienes se burlaran e hicieran
mofa de él y sus alucinaciones presidenciales.
Se dice también que a finales del mandato del general Manuel A. Odría, los
políticos de entonces, convocaron a una reunión para decidir las
condiciones del cambio al nuevo gobierno. Esta, se realizó en el Convento
de Santo Domingo, con la asistencia de figuras notables e influyentes de
la política nacional como Luis Gallo Porras, Luis Miró Quesada de la
Guerra, Manuel Moreyra y Paz Soldán, Julio de la Piedra, Augusto N. Wiese,
entre otros. De alguna forma, Pedro Cordero y Velarde, también asistió a
dicha reunión, ataviado como siempre de forma extravagante; en medio de
ella, pidió hacer uso de la palabra, lo cual le fue concedido;
pronunciando un discurso poco coherente, luego del cual se retiró,
posiblemente muy halagado con su intervención.
Para fines de 1961, su triste figura de mirada noble, no se vio más.
Pareció disolverse entre la neblina del frío y húmedo clima limeño. Don
Pedro Cordero y Velarde, ya no recorrería más las calles de una Lima que
seguramente no lo echaría de menos en aquellos días. Hoy en cambio, forma
parte de su historia, su leyenda y su misterio. (LARS).
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