LITERATURA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mito del origen del Mochica y el Algarrobo

 

 

Luchaban en todas las esferas cósmicas los dos poderes eternos: los Dioses y los Demonios, el genio del Bien y el Poder Maligno, para establecer la supremacía de sus propios derechos y rodaban por los diferentes mundos y los espacios siderales, en abierta y constante rebelión.

 

El Bien pretendía crear al ser que los ayudara en la obra de la evolución, al hombre, y el Mal quería impedir esta realización, que le conllevaría un enemigo declarado.

 

Surcando el Universo, llegaron aquellas fuerzas luchadoras a la Tierra, en la cual nada existía fuera del algarrobo, que era una planta rastrera, reptante, endeble y raquítica, la cual nada era, nada significaba, ni nada producía. Y a pesar de su mínima importancia, una de las lianas del algarrobo, se enroscó en los pies del Genio del Mal, accidente que fue aprovechado por su enemigo para dominarlo.

 

Entonces, y en agradecimiento, dijo el jefe de los Dioses: "Como si te hubieras adelantado a mis deseos, has contribuído a mi victoria. Tú serés desde hoy mi siervo, mi semejante y mi aliado. Para que tengas poder, tú serás el candidato elegido para ser Hombre y tendrás las características de un Dios encerrado, de un Dios en potencia, de un Dios encadenado. Hombre por fuera y Dios por dentro serás, desde ahora, grande y fuerte en tu aspecto; severo y sereno en tu forma; eterno y constante en tu vida. No necesitarás de Mí, el Sol, para vivir, porque a nadie debes tu emancipación sino a tí mismo y a mí."

 

Y al conjuro mágico se creó el indio mochica, que salió del propio árbol del algarrobo, ya mayestático.

 

Pero el demonio, que no estaba muerto sino cautivo, produjo su maldición, diciendo: "Puesto que te has tornado en mi enemigo y has contribuído a mi derrota. Yo, el Genio del Mal, en oposición a las virtudes que te han sido otorgadas, te concedo, para siempre una parte de mí mismo. Serás mi vasallo, mi prójimo y mi aliado. Aunque seas grande y fuerte, el fuego de la pasión te convertirá en cenizas; aunque seas severo y sereno, te conmoverás cuando el viento de la adulación te roce; aunque seas eterno y constante en tu vida, pesará sobre tí el soplo del olvido y de la ingratitud, y aun cuando sólamente necesitarás del Sol para vivir y perdurar, estarás unido a la Tierra, con todos sus vacíos y defectos, puesto que sólo así podrás aprovechar aquella primicia celestial. Y ten presente que a Mí también debes tu liberación. A tí y a Mí."

 

Por esto:

 

El algarrobo es Dios: él jamás llora;

el algarrobo es diablo: nunca reza;

no necesita nada en su grandeza;

nada pide jamás, ni nada implora.

 

El algarrobo es Dios. Desafiante y austero, solo, fuerte, nace y crece donde la aridez de la tierra nada ofrece; majestuoso y solemne se fortifica con la propia arena candente, con la arena muerta, que no produce y realiza el milagro de vivir de la nada.

 

El algarrobo es Diablo. Lo demuestra así su indestructibilidad; es eterno como el Mal, y se burla del Tiempo, domina a la Tierra y se ríe de la Naturaleza.

 

Representando, pues, al Dios y al Diablo, Bien y Mal, Cielo e Infierno, los pares de opuestos; realizándose en él la dualidad completa, que es la Unidad absoluta, simboliza la perfección. Faltaríale tan solo, el sello de propia personalidad, el aporte humano. Pero el algarrobo también lo posee.

 

En su aspecto morfológico, tiene la corteza broncínea como el color del indio; el corazón rojizo del árbol representa la sangre del mochica y sus espinas y aguijones, son los cabellos hirsutos del yunga.

 

Por su interpretación intrínseca rebelde, altivo e incorruptible.

 

El algarrobo, primero se rompe antes de doblarse y el indio muere con su secreto; el fruto del árbol es de color dorado como el de aquel Sol que los indios adoraban; su madera se petrifica en el agua, tal su constancia y así  proceden los mochicas en sus costumbres ancestrales que aun subsisten; si en el árbol rebota el hacha, el mochica rechaza al castellano; vive aislado y solo como existió aquella civilización; y, como el indio, a pesar de vientos y tempestades, inundaciones y sequías, que representan la conquista y el atropello, el pillaje y la ruina, ambos, el algarrobo y el mochica subsisten iguales, venciendo al Eterno. Duro es el corazón del árbol como es impenetrable el pensamiento del indio; el árbol no permite que a sus expensas viva planta alguna, como la civilización nombrada que no permitió extrañas influencias, y así como ella, no se cansa de esperar nunca la resurrección de su antiguo poderío; tampoco el árbol se fatiga de retar al Sol y de lidiar con la arena. Y así, juntos ambos, desafiando al tiempo y a la muerte; son uno solo en esencia y un bosque es una raza, porque:

 

Ese árbol desafiante, nunca llora;

y aquel indio solemne, nunca reza;

si aquel nada pretende en su grandeza,

éste nada pide jamás, ni nada implora.

 


AUGUSTO D. LEON BARANDIARAN

"MITOS, LEYENDAS Y TRADICIONES LAMBAYECANAS"

Lima, 1938.