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Algo de Piura Incaica
El fabuloso desarrollo de ciertos núcleos del Antiguo Perú –Nazca, Chavín o Paracas–, eclipsa a veces el auge alcanzado por diversas colectividades pre-hispánicas sobre nuestro territorio, pueblos tan respetables como Cuzco o Quito.
Superada está la tesis garcilasista, según la cual los Incas fueron los civilizadores doquiera llegaron sus armas. En unas pocas comarcas así pudo ocurrir, pero en la mayor parte de los casos, los Incas nada o muy poco tuvieron que enseñar en artes y ciencias a pueblos vencidos, de existencias milenarias. Aun más, los chimúes debían sentir para los cuzqueños, el mismo desdén que los refinados griegos para los conquistadores romanos. Estos, como los Incas, reorganizaron la economía y crearon un super-Estado Imperial; y punto. En los demás órdenes culturales, distinto fue el panorama. Basta contemplar cerámica, orfebrería, textilería y arquitectura.
Piura también conoció sociedades evolucionadísimas: señoríos tallanes; matriarcas en la costa; régulos en las sierras. Precisamente, el señorío de uno de estos curacas de los andes piuranos, inspira estas líneas; pues sobre su perdida ciudad, escuchó difusas versiones el joven arqueólogo Ramiro Matos Mendieta. Este retornó a Lima, no sólo con tesoros dorados de Vicus, sino trayendo noticias sobre olvidadas metrópolis de piedra.
Una de estas urbes es Caxas. Esa ciudad a la cual arribó Hernando de Soto, cuando buscaba rutas hacia la sierra por mandato de Francisco Pizarro. Seguía audazmente un camino que trepaba la cordillera y se dio con Caxas. Su guarnición incaica de unos mil hombres, la había abandonado escasos días antes a fin de reunirse con Atao Huallpa en Cajamarca. Un pequeño batallón que allí quedaba, trató ingenuamente de capturar a los españoles y atar a los caballos, siendo despedazados por los aceros castellanos. Pocos indios sobrevivieron al encuentro y apenas un jinete resultó herido; aunque malamente.
Los de Caxas, no mostraron pesar por la derrota de ese contingente de Atao Huallpa. Al contrario, se alegraron. El hecho se explica por cuanto aquellas regiones estuvieron aliadas a Huáscar Inca durante la conflagración civil. Aun más, al decir del capitán cronista Cristóbal de Mena, "...este pueblo estaba muy destruido de la guerra que le había dado Atao Huallpa. Por los cerros habían muchos indios colgados porque no se le habían querido dar".
Agrega que ante los cristianos se presentó el curaca de Caxas, "...quejándose mucho de Atao Huallpa, de cómo los había destruido y muerto mucha gente, que de diez o doce mil indios que tenía, no le quedaba más de tres mil". Era la protesta de una aristocracia humillada contra el usurpador quiteñista. Los extraños dioses aparecidos en Caxas, escucharon con no fingida atención.
Aplicando la tradicional política castellana en América, Soto ofreció protección, pólvora, hierro y corceles. Nacía entonces la leyenda: Viracochas de ultramar habrían de castigar al usurpador, defendiendo el trono para la legítima dinastía cuzqueña. No olvidemos que todavía Huáscar Inca, seguía combatiendo en el sur contra los generales de Atao Huallpa, lo cual alentaba a los caciques piuranos.
La alianza entre los extraños viracochas y los de Caxas, se consolidó en un episodio que vale transcribir. Mena, al narrar la grandeza del pueblo, nos dice que en unas amplias casas vivían "...más de quinientas mujeres, que no hacían otra sino ropas y vino de maíz para la gente de la guerra". Pues bien, de estos ajllahuasis, –centros de la poligamia imperial–, el curaca de Caxas obsequió mucha doncellas a los españoles. El soldado cronista Diego de Trujillo, cuenta que en ese momento retornó como emisario, un oficial de Atao Huallpa. Frenta a su presencia, el curaca de Caxas "...hubo gran temor y se levantó en pie, que no osó estar sentado". El altivo orejón atao hualpista, al ver a la acllas encarando a los castellanos, les dijo: "Cómo osáis vosotros hacer esto, estando Atao Huallpa veinte leguas de aquí; porque no ha de quedar hombre vivo de vosotros". Soto, acatando anteriores instrucciones de Francisco Pizarro, evitó un incidente y se retiró hacia Huancabamba, descendiendo luego hacia Pavur y Serrán, en pos de su jefe el gobernador.
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INCAS, DIOSES Y CONQUISTADORES JUAN JOSE VEGA Fondo de Cultura Popular Lima.
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